LA MUSSARA

Aquí había la foto de unas ruinas fantasmagóricas

Ruinas decadentes en lo alto de las montañas, descansando en el límite de un precipicio que se hunde en la verde espesura de sus pies. Construcciones antiguas y abandonadas en medio de la nada que hablan de un tiempo pasado que ya no volverá. Vistas espectaculares sobre las llanuras del Tarragonès.

Y por encima de todo, un silencio abrumador…

Esto es la Mussara: un lugar de misterio… y un paraíso para aquéllos que que viven privados de deseo.

Aquí había una vista impresionante desde las montañasAquí había una foto al borde del abismoPoco más que un pueblo fantasma, hoy en día la Mussara contiene los vestigios de una pequeña aldea colgada en las montañas, habitada hasta un punto indefinido entre los años 1950 y 1960. La explicación oficial de su abandono se le atribuye a un brote de filoxera, que habría masacrado los viñedos de la población, base de la subsistencia económica de sus lugareños. A pesar de todo, esta es una suposición no confirmada, y de cualquier modo demasiado académica y gris. Sin lugar a dudas, da mucho más juego y tiene más gracia la que apunta como motivo único del abandono del asentamiento al hecho que estuviera maldito.


Aquí había una foto de una roca singularAquí había una foto de una casa derruidaSea cuál sea la proporción de verdad que pueda haber en todo esto, lo cierto es que en los últimos 50 años se ha producido una avalancha de supuestos fenómenos misteriosos y paranormales en la zona: desde desapariciones inexplicables, avistamientos OVNI, aquelarres y ritos satánicos, hasta encuentros con figuras espectrales y deformaciones del tejido espacio-temporal… muy curioso, desde luego. La leyenda dice incluso que en algún lugar, escondida entre la vegetación existe una roca llamada “Roca del Seis”, que si se pisa o se salta por encima conduce a otra dimensión.

Todo esto, como podréis imaginaros, constituye un escenario ideal para todo aquél que no vive turbado por el deseo, ya que convierte a la Mussara en un espacio prácticamente sex-free, y un lugar sagrado incompatible con las tentaciones del sexo. Ya se sabe la primera regla del cine de horror, que hace falta observar si no se quiere acabar empalado en algún lugar indeseado:

“Quien folla, muere” (pronunciado con voz de ultratumba y risa siniestra de fondo)

Aquí había una foto mía en un lugar siniestro

Por lo tanto, en el supuesto que un sujeto negado al deseo (pero poco hábil o poco instruido en la filosofía del no-querer) pretenda distraerse un domingo cualquiera, en un entorno bello y natural, y sin miedo a fracasar en sus altos propósitos de no dejarse atrapar por la tentación de la carne, encontrará en la Mussara una localización más que perfecta para hacer una excursión. En el caso que ya haya salido de casa acompañado por personas sexualmente compatibles y deseables, si alguna de éstas le invita a compartir tienda de campaña, la ley de más arriba ya le disuadirá suficientemente de intentar cualquier maniobra copulativa. Si, por el contrario, llega solo a la Mussara, desfallece y acaba cediendo a las tentaciones, ligándose a alguna de las excursionistas (o recolectores de setas) que se encuentran moviendo el culo por la zona, muy pronto descubrirá lo muy recomendable que le resultará el desistir en sus aproximaciones y galanterías. Eso al comprender que solamente puede aspirar a liarse con potenciales suicidas, fantasmas de la curva, o friquis espiritistas con los que no conviene intimar demasiado, a no ser que uno quiera que lo degollen después de haber consumado el acto sexual.

Aquí había la imagen de un pueblo en ruinas              Aquí había una foto de la naturaleza comiéndose la obra del hombre             Aquí había una foto de un campanario olvidado

Aquí había una foto de una iglesia macabra                       Aquí había la imagen del interior de una casa invadida por la vegetación              Aquí había la foto de una iglesia en ruinas

Bien, pues una vez dicho todo esto y hechas las advertencias pertinentes, procedo a facilitar información práctica del emplazamiento.

¡Que tengáis una buena visita!

Aquí había una foto artística de las vistas del lugarSituación: Vilaplana – 43380 – Tarragona

Dirección: Carretera T-704, entre las poblaciones de Vilaplana y La Febró

Cómo llegar: En coche, moto, bici, patinete, carreta de caballos, a pie o de rodillas. Desde Reus hay que salir por la N-240 en sentido Falset, y desviarse por la carretera T-704, pasando por l’Aleixar hasta llegar a Vilaplana. Una vez llegados a Vilaplana hay que seguir la carretera de curvas montaña arriba, hasta encontrarse con un cruce. Giraremos a mano izquierda, en sentido Arbolí, La Febró y Prades. Después de un par de kilómetros daremos con un desvío a la izquierda que nos conducirá de cabeza hasta la Mussara.

Coste y horarios de apertura: La Mussara es más que gratis y accesible a todas horas, incluso por la noche, cuando da más cague y hay más probabilidades de abducción o posesión infernal.

Nivel de dificultad para eludir las tentaciones del deseo: Muy bajo (amenaza de muerte horrible en caso de fracaso). Si alguien desea algo aquí, especialmente si alberga connotaciones sexuales, es que no ama vivir o tiene una fogosidad interna del todo incompatible con las complejidades espirituales de la filosofía del no-querer. O las dos cosas a la vez.

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Acerca de David Castejón

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