NUEVAS MIRADAS PARA UN VIEJO CLÁSICO

A mí me ha pasado… yo la he tenido muchas veces esta sensación de culpabilidad: llevo toda una vida viviendo y moviéndome a diario por mi ciudad, respirando su aire reconcentrado de gases nocivos, contribuyendo al hedor de su alcantarillado… pero no se casi nada de ella…

¡Vaya reflexión más cruel y desoladora para cualquier persona con un atisbo de moralidad!

Y es que hay que reconocerlo: según a qué alturas de la vida da vergüenza -primero- y pereza -después- descubrir la propia ciudad. Da vergüenza admitir que uno no tiene demasiada idea ni de su pasado ni de las historias que han acontecido en ella, configurando a lo largo de los años el aspecto que todos aceptamos hoy como natural, sin cuestionarnos muchas veces cuáles puedan ser sus orígenes. Da pereza ponerle remedio al asunto, sin saber muy bien por dónde empezar…

Llegado este punto de la reflexión solo quedan tres opciones para cualquier ser decente:

1- Continuar viviendo en la inopia (bueno… esta no lo es demasiado, de decente).

2- Tragarse la vergüenza y enrolarse en algún “tour” precocinado, junto a un buen puñado de turistas rusos, japoneses, británicos, americanos o alemanes. Caer en el deshonor de verse rebajado a la categoría de “guiri” dentro de la propia urbe.

3- Derrotar a la pereza y emprender la exploración autónoma de la ciudad.

Aunque las dos últimas propuestas son válidas, no son perfectas. No obstante, afortunadamente existe una cuarta posibilidad, una cuarta vía, que, en mi caso, he descubierto de manera reciente y me ha solucionado el marrón: los circuitos temáticos de historia local.

Dirigidos más bien a indígenas ignorantes -como yo- antes que a los propios visitantes, este tipo de propuestas buscan el reencuentro del ciudadano con su ciudad a través de la exploración histórica de los espacios que le son habituales, generalmente desde un punto de vista temático que centra el interés del oyente y le hace las explicaciones históricas más amenas. Es una manera cómoda y honrosa de poner remedio al propio vacío de conocimiento, al mismo tiempo que se presenta como una opción de ocio a tener muy en cuenta para cualquier sábado o domingo, que de otro modo nos los pasaríamos en la cama de resaca o perdiendo el tiempo con otras actividades insustanciales.

En el caso de Barcelona, la Asociación cultural HIStoria de CATalunya (HISCAT) (web en catalán), ofrece un catálogo diverso de rutas que nos pueden ilustrar con una nueva visión sobre algunos lugares comunes de la ciudad, siempre a cargo de profesionales acreditados y doctos en su materia. Las rutas disponibles actualmente son las siguientes (también realizadas en castellano, si hay presencia de visitantes de fuera de Catalunya):

Ruta por la Barcelona Criminal

La Barcelona masónica

La Barcelona mentirosa

El modernismo en Barcelona

La II República y la Guerra Civil

La Rambla: arteria de Barcelona

De la Barcelona medieval a la Barcelona moderna

Barcelona medieval

Barcelona romana

Yo, personalmente, probé una ruta que me condujo a través de la Barcelona mágica y misteriosa, por el módico precio de tan solo 8 euros, y acabé muy satisfecho. Gracias a esta experiencia ahora conozco un buen puñado de cosas nuevas sobre mi ciudad, como por ejemplo:

Que esta estatua de la Plaza Catalunya representa a Hércules, y que este sujeto con superpoderes se halla ligado a los inicios míticos de la ciudad…

Que en la Avenida del Portal del Ángel realmente hay un ángel que custodiaba una de las entradas de Barcelona…

Que esta tienda escandalosa consagrada a la sociedad del consumo una vez dio cobijo a un orden monástico austero hasta el extremo: los “espolsasacs” (sacudesacos…)


*Traducción de la historia de los “espolsasacs”, en la foto: “En el siglo XV, donde está esta calle, daban las ventanas del convento que en la calle Montsió tenían los monjes agustinos, conocidos como frailes del saco. Vestían hábitos de sayal sin forma, propiamente un saco, los cuales no podían lavar ni remendar mientras quedara un solo trozo. Únicamente los podían sacudir, cosa que hacían desde estas ventanas”.

Que Barcelona tuvo su propio Gollum, fray Garí , y que este se exhibió como una bestia de feria por los alrededores de la calle Comtal…

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Mosaico representando una criatura humanoide menospreciable

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Que los restos del acueducto al lado de la Catedral son falsos, y que un tramo del verdadero acueducto se encuentra oculto en la Plaza Vuit de Març…

Que este puente tan admirado también es falso, y en la parte de abajo esconde una calavera ligada a los destinos de la ciudad y de sus conciudadanos…

Que la actual entrada del Ayuntamiento no es la que se ha usado siempre…

Y como estas muchas curiosidades más, que hicieron de la experiencia no solo un rato muy enriquecedor en el aspecto cultural, sino también muy entretenido.

No pongáis más excusas, pues, atajo de gandules. ¡El conocimiento de la ciudad por fin está a vuestro alcance!

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Acerca de David Castejón

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