CÓMO HACER LA MOCHILA PARA UNA VUELTA AL MUNDO

Aquí había una imagen de una mochila de viaje
He aquí la preocupación estrella de los viajeros cuando finalmente nos llega la hora de partir por largo tiempo: ¿cómo demonios podemos hacer el equipaje para todo un año entero (o más) en ruta, de manera que contenga todo lo indispensable para los meses que deba prolongarse la aventura, sin que el resultado final acabe por destrozarnos la espalda y nos amargue la existencia?

En teoría, cuando falta todavía mucho tiempo para la marcha y uno se lo imagina desde la distancia, parece una labor compleja, casi digna de algún tipo de ingeniería. Pero en realidad no lo es tanto. Como tantas cosas en esta vida, se reduce a un ejercicio de lógica y sentido común.

Lo primero que hay que hacer, evidentemente, es determinar de qué tipo será el viaje y qué destinos cubrirá; no es lo mismo dar una vuelta al mundo para conocer los clubs de moda o los mejores restaurantes de las grandes ciudades del planeta, que dar una vuelta al mundo donde será preciso arrastrarse por las selvas y los desiertos más inhóspitos. En segundo lugar, es importante decidir qué será absolutamente necesario y qué no, tanto para pasar el día a día como para cumplir los objetivos específicos que se quiera alcanzar durante el recorrido (al nivel de un viaje de este tipo, si una cosa no es absolutamente necesaria entonces es superflua; no hay término medio). Y finalmente, como último criterio, resulta muy útil saber qué cosas, de todas las que hemos decidido llevarnos, son fácilmente sustituibles y cuáles no: es decir, qué podemos perder o nos pueden robar y qué no.

Una vez se sabe todo esto, ya se puede empezar a meter cosas en la mochila. O maleta. O caja de cartón. O bolsa de la basura. O lo que sea que hayamos decidido que servirá mejor al propósito de transportar arriba y abajo nuestras pertenencias… Eso sí, teniendo siempre en cuenta una serie de reglas muy sencillas:

  • REGLA DEL VOLUMEN: Por muy ligero que sea nuestro equipaje, por razones prácticas, debemos procurar siempre que ocupe el menor espacio posible, y de esta manera no entorpezca nuestra movilidad. Cuanto más pegado al cuerpo, mejor. Cuantos menos elementos sobresalientes (cintas, bolsillos, bultos) presente, pues mejor.
  • REGLA DEL PESO: Metamos lo que metamos en la mochila, el peso final a cargar no puede superar el 15% de nuestro propio peso corporal. Asumámoslo: no somos hormigas, e ir por el mundo con sobrepeso no nos hará disfrutar de la experiencia, más bien todo lo contrario.
  • REGLA DE LA ACCESIBILIDAD: Lo que se utilice más a menudo debe ir siempre en los lugares donde sea más fácil llegar. Por el contrario, aquello que se prevea que se usará poco o en un periodo diferente del viaje puede abandonarse en el rincón más oscuro y remoto de nuestra mochila. Ya lo reubicaremos cuando sea necesario.
  • REGLA DEL ORDEN: En beneficio de una mayor agilidad en el momento de meter y sacar las cosas de la mochila, hay que establecer una distribución clara de los objetos que llevaremos y respetar siempre el orden en el cual saldrán y volverán a entrar. Como habremos de revolver y rebuscar en la bolsa una infinidad de veces, de esta forma podremos mecanizar un poco el proceso, haciéndolo más corto y menos pesado.
  • REGLA DEL TEMA: Por favor, no mezclemos utensilios que no tienen nada que ver los unos con los otros al tuntún. Los calzoncillos con el pasaporte. Las pastillas contra la malaria con los cargadores de los aparatos electrónicos. No; resulta mucho más útil agrupar los objetos que tienen usos similares en una zona concreta de la mochila, de manera que se diferencien del resto claramente y se localicen de forma más rápida.

Dicho esto, realmente no hay mucho más que añadir, más allá de apelar una vez más al sentido común. Mientras hagamos una previsión realista de lo que necesitaremos y le seamos fieles en todo momento, a mitad del viaje no habremos de lamentar problemas ni dolores de espalda. En este sentido, también resulta vital saber identificar los momentos en los cuales toca deshacernos de un objeto que nos ha dado un gran servicio pero ya no vamos a utilizar más, o en los cuales será beneficioso adquirir una cosa nueva.

En conclusión, análisis realista y sentido común. Nada más.

Para acabar, ilustraré la teoría con mi propio caso práctico, a modo de ejemplo: qué cosas me he llevado y cómo las he distribuido, tomando en cuenta la duración del viaje (alrededor de un año), el tipo del mismo (mochilero independiente-nómada-trotamundos) y la ruta que seguiré (empezando por una serie de países fríos o de montaña, continuando por un grupo principal de países tropicales o de playa y acabando nuevamente en el crudo frío del invierno).

Como distribución básica, he dividido mi equipaje en tres grupos o unidades, correspondientes a las diversas localizaciones físicas en las que cargaré mis cosas, según la importancia o utilidad que tengan:

1. EL PROPIO CUERPO – Donde llevaré las cosas que no puedo perder bajo ningún concepto o me serán necesarias en todo momento:

Dentro de este apartado, es de una importancia extrema el tema del dinero en efectivo; hay que llevarlo siempre pegado al cuerpo, lo más escondido posible e, idealmente, lo más repartido posible. Y no nos podemos permitir nunca el lujo de relajarnos, respecto a su ubicación, si queremos evitar sorpresas desagradables. Incluso en casa de amigos de toda confianza. La norma básica es llevarlo siempre encima, hasta para cagar.

Yo, justo empezada mi vuelta al mundo, por no respetar esta regla tan sencilla, casi me dejo unos 1500€ atrás, olvidados como quien se olvida de unos calcetines sucios…

2. LA BOLSA DE TRABAJO – Donde llevaré las cosas más preciadas que no quiere perder jamás de vista:

Para este apartado es aplicable lo mismo que era válido para el anterior: no es aconsejable que nos desprendamos de nuestros objetos de valor, ni siquiera para ir al WC…

3. LA MOCHILA – Donde llevaré todos los objetos fácilmente sustituibles; la parte más voluminosa del equipaje:

Bien… seguramente, después de todo, esta no sea la configuración más mínima que podría haber obtenido, pero teniendo en cuenta que el peso final no supera los 10kg repartidos en un par de bolsas, ¡creo que podré permitírmelo! 😉

Anuncios

Acerca de David Castejón

Writer

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s