DÓNDE IR CUANDO PARÍS SE NOS ACABA

Existe en el ánimo de turistas y viajeros esa tendencia mayoritaria, casi dogmática -y totalmente comprensible, por otro lado-, de comenzar la exploración de una nueva ciudad por su centro, suponiendo desde el desconocimiento que es en su corazón donde a buen seguro deberán encontrarse no solamente los puntos de interés fundamentales que motivan la visita, sino también la gran mayoría de los servicios.

Aun siendo esta una suposición muchas veces cierta, no deja de ser verdad, también, que en ocasiones la periferia de las grandes ciudades más turísticas esconde sorpresas agradables. Agradables, sí… agradables. No solo horror urbanístico y arquitectónico, o delincuencia y marginación.

Este es el caso de París.

Aquí había una foto de la Tour Eiffel

Visitar París siempre es chulo; no pasa nunca de moda y ciertamente es una de las ciudades más bellas de Europa, si no directamente del mundo. Tiene historia, tiene encanto y tiene una oferta cultural y de ocio que pocos otros lugares pueden igualar. No obstante, su vida no se reduce al centro, sino que también guarda atractivos en los confines de su término municipal.

Esto resulta especialmente útil saberlo cuando uno ya ha estado más de una vez en la ciudad, y ya no tiene la necesidad de hacerse una foto debajo de la Tour Eiffel o delante del pórtico de Notre-Dame.

Por otro lado, empezar por el extrarradio también puede revelarse como una alternativa innovadora y excitante para aquellos que llegan a la ciudad por primera vez, invirtiendo el orden natural de su proceso de descubrimiento en un movimiento centrípeto (de fuera para adentro), en vez del típico movimiento centrífugo (de dentro hacia afuera) que acostumbramos a ejecutar la inmensa mayoría de los exploradores urbanos.

En el caso de París, hablaré aquí de dos puntos de interés situados justo sobre la línea que marca el límite administrativo de la ciudad, uno al norte y el otro al oeste, respectivamente: Saint-Ouen y La Défénse.

SAINT-OUEN

Saint-Ouen es un pequeño municipio pegado a París, indiferenciable en un entramado urbano ininterrumpido que solo queda delimitado por la señalización en sus vías de entrada y la división neta que, tal como si fuera una especie de muralla, ejerce la ronda periférica que rodea París. Su principal atractivo son los numerosos mercados de antigüedades y rarezas diversas que se pueden encontrar en sus calles, así como el ambiente desenfadado y relajado que se respira en ellas. Paseando por el lugar sin estar pendiente del reloj, a veces uno se olvida que se encuentra a cuatro pasos de una de las urbes más vibrantes de Europa y del mundo.

Comprar, lo que se dice comprar, tal vez no compraremos demasiado en sus mercados, porque están llenos a rebosar de chorradas a un precio desorbitado, pero por lo menos disfrutaremos de un rato entretenido curioseando.

Saint-Ouen es fácilmente accesible bajando en las paradas de metro Porte de Clignancourt o bien Porte de Saint-Ouen.

LA DÉFÉNSE

La Défénse es un distrito moderno y de negocios, diseñado un poco al estilo de los downtowns de las grandes ciudades norteamericanas: un conjunto de rascacielos de aspecto feroz iluminando el cielo nocturno, aderezado por un sotobosque de tiendas, centros comerciales y obras escultóricas dispersas.

Realmente, no es que haya nada demasiado especial para hacer en la Défénse, pero el lugar bien merece una visita; en concreto, para disfrutar de un paseo a través de su plaza central (bajo la presencia imponente del Grand Arche), o bien de las vistas, tanto en dirección al centro de París (con el Arco del Triunfo al fondo) como en dirección al exterior (donde se aprecia netamente el final, casi brusco, del tejido urbano).

Para llegar a La Défénse tan solo hace falta bajar en la parada de metro que lleva el mismo nombre, también accesible haciendo uso de la red de trenes de cercanías (RER).

En definitiva, explorar una ciudad como París de fuera hacia adentro bien pueda no ser lo más convencional, pero también puede ser perfectamente lo más conveniente, al menos por lo que tiene que ver con aquello de las expectativas. No es lo mismo ver en primer lugar Le Pouce de La Défénse y poco a poco ir mejorando la experiencia hasta llegar al espectáculo sublime de la Tour Eiffel, que hacerlo al revés. Casi seguro la segunda opción nos dejará una impresión más fuerte y será más gratificante.

Si no os lo creéis, probadlo…

¿Y vosotros? ¿Habéis explorado alguna vez una ciudad al revés? ¿Conocéis lugares interesantes en el extrarradio de París o de alguna otra ciudad?

 

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Acerca de David Castejón

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