VUELTA AL MUNDO  – DÍA 1 (28/01/2014) – DE TURQUÍA A LOS EMIRATOS ÁRABES, Y DE ALLÍ HACIA NEPAL

Aquí había una imagen mía con un turbante improvisado

Pues sí, por fin he empezado mi periplo. Sí… después de tantos preparativos y tanto tiempo de espera, que parecía que el día señalado nunca hubiera de llegar…

Bueno… haciendo honor a la exactitud, debo decir que hace ya más de una semana que salí de Barcelona, pero no ha sido hasta hoy que he tenido, por vez primera, la sensación que mi viaje comenzaba de verdad. Sí… he estado en ParísEstambul estos últimos días, pero a la capital de Francia fui a visitar una amiga, y, en la antigua Constantinopla he pasado unas vacaciones más bien relajadas en pareja.

Es a partir de ahora que la cosa se pone seria (o bueno, no tanto… que esto es un viaje, y no un funeral). Es a partir de ahora que me quedo solo; que me enfrento al mundo y a lo desconocido (o semidesconocido, diría más bien… que hoy en día, de unas cosas más y de otras menos, todos tenemos una idea de todo).

El caso es que, después de una jornada horrenda en el aeropuerto Sabiha Gokçen de Estambul, el primer vuelo que tenía que llevarme hasta Nepal partía de la metrópolis turca con tres horas de retraso (a esto le podemos sumar las otras 17 horas que ya llevaba arrastrándome por el aeropuerto, debido a motivos personales que ahora mismo no hace falta especificar). Del vuelo poca cosa puedo decir: de las cuatro horas que ha durado, la mitad me las he pasado durmiendo, en intervalos de inconsciencia total y vigilia semionírica. Lo único destacable: antes de iniciar la maniobra de despegue, los amigos de Air Arabia han bajado las pantallas y han puesto un vídeo muy simpático de ríos y cascadas, mientras una profunda voz en off rezaba a Dios (Allahu akbar!) para que el viaje fuera seguro. No había viajado nunca antes con una compañía árabe, y no sé si el resto también harán alguna cosa parecida, pero como mínimo, a mí, este pequeño ritual me ha parecido pintoresco…

Popularmente, en nuestro país, se acostumbra a comentar que todos los chinos son iguales, o que a veces cuesta diferenciar dos individuos de raza negra. Bueno… me pregunto si la gente de otros lugares de este mundo debe pensar lo mismo de nosotros, los europeos, porque me ha pasado que, acabado de llegar a Sharjah -escala de mi vuelo hacia Nepal-, la funcionaria encargada de sellarme el pasaporte me ha tomado por francés, y así lo ha dejado reflejado en el documento (aunque después lo ha corregido, por fortuna; porque en estos momentos no me apetece ser francés).

El aeropuerto de Sharjah (Emiratos Árabes Unidos) es pequeño. De hecho, no sabía ni que existía esta ciudad hasta que me compré el vuelo que me ha acabado llevando hasta ella para hacer una parada.

Aquí había una foto del aeropuerto de Sharjah

Como disponía de unas horas muertas entre vuelo y vuelo, en principio se me había ocurrido acercarme hasta la vecina Dubai para echar un vistazo a su impensable Burj Khalifa -el edificio más alto del mundo entero-, pero debido al retraso sufrido por mi vuelo, al final me he quedado con las ganas. Resulta que no hay ninguna conexión de transporte público que una el maldito aeropuerto con el emirato de al lado, y los microbuses que sí cubren el trayecto por gentileza de la compañía aérea, no me iban bien por horario. Por otro lado, el precio a pagar por un taxi que me llevara hacia allí era -y es- digno precisamente de eso mismo, de “califas”, y no he querido pagarlo; no al menos para el simple hecho de desplazarme hasta el lugar, levantar la cabeza tan arriba que después me acabara cogiendo tortícolis, decir “¡oh! ¡impresionante, fabuloso, espectacular!”, y, después de todo, tomar unas fotos que alguien ya habrá colgado antes en Internet.

Así que no pasa nada. Me he aventurado con otra cosa…

Lo mejor de no-querer nada es que, cuando lo que habías pensado falla, te van bien las alternativas que se te ofrecen, por poco prometedoras que sean a primera vista. La gran mayoría de las veces acabas recibiendo una sorpresa bien grata. De manera que me he montado en el primer bus de línea local que me he encontrado a la salida del aeropuerto, sin saber muy bien adónde iba, más allá de que me llevaría a algún punto inconcreto del núcleo urbano de Sharjah.

Aquí había una imagen del interior de un autobús

El recorrido en bus ya me ha servido para entender un poco de qué va este país: carreteras rectas de tres y cuatro carriles, grandes rotondas, mezquitas en cantidad, casas chulas y extensiones de césped imposibles…

Una batalla ganada al desierto:

He decidido bajarme en una plaza que me ha parecido céntrica. Llevando ya un buen rato en el bus, tampoco he querido que el trayecto de retorno se me alargase demasiado, ya que me esperaba otro avión que me debería llevar hasta Katmandú. De modo que he empezado a caminar bajo el sol, con ropa de invierno europeo y sin saber muy bien adónde iba. Eso sí, cuidándome bien de hacerme un mapa mental de la zona, para volver sano y salvo al mismo punto donde me habían dejado.

Aquí había una señal de tráfico en árabe

He pasado no mucho más de una hora (tal vez hora y media) vagando por el lugar, y en realidad no puedo decir mucho al respecto. Tan solo cuatro detalles: que hace mucho calor; que el tráfico es denso; que se ven buenos coches; que las mujeres conducen con normalidad; que la ciudad tiene puerto y también una especie de fortificación, que teóricamente sirve como museo (cerrado por reformas). Y que gustan los edificios altos y grandes. Y que los espacios públicos están bastante cuidados.

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La impresión que me queda, sin embargo, es que teniendo una ciudad de envergadura mundial justo al lado, Sharjah es una ciudad que vive a la sombra de su hermana mayor: Dubai.

De vuelta a mi plaza de referencia creo que un hombre me ha intentado timar. No sé muy bien cómo le he entendido, pero me parece que me ha dicho que yo tenía ojeras y la cara muy chupada, y que tenía mucho pelo blanco, y que eso se debía a algún problema orgánico. En definitiva, que me quería llevar a no sé qué coño de farmacia -muy abundantes, por cierto- para venderme no sé qué coño de solución milagrosa. Lo que no sabía este hombre es que las dos noches anteriores yo había dormido poco y como el culo, así que me lo he quitado de encima rápido…

Y he grabado esto mientras esperaba el bus. Porque siempre me ha gustado la pasión que ponen los musulmanes en su llamada a la oración (Salah):

De vuelta en el aeropuerto he perdido la cartera, con algunos dólares y todas mis tarjetas. Llevo tantas cosas encima que me cuesta tenerlas controladas en todo momento, y cuando me toca vaciarme los bolsillos para pagar o completar algún trámite y mostrar documentos me hago la picha un lío. Resultado: que olvido cosas. Suerte de un señor con bigote la mar de amable, que ha venido a buscarme hasta donde me había sentado a comer para retornármela, porque si no ya me habría encontrado con el primer marrón serio, tan solo empezar.

Pese a todo, sé que más tarde o más temprano este momento llegará. Y no lo podré evitar.

Finalmente, y sin más contratiempos, me ha llegado la hora de subir al avión, mezclado entre una turba de alegres nepaleses. Creo que, de todo el pasaje, yo he sido el único extranjero. Es raro, pero no sé por qué razón no esperaba encontrarme muchos nepaleses en este vuelo. Quizás porque me parecía extraño que los nepaleses viajasen. De hecho, ya me parecía más que extraño que un vuelo a Katmandú hiciera una parada en aquella ciudad árabe llamada Sharjah. No obstante, al ver toda aquella cola de nepaleses pasando el control de seguridad, sonrientes y pequeñajos ellos (sí, me da la impresión que los nepaleses son los tíos más bajos del planeta), de golpe y porrazo he entendido la razón: aquella ruta la ha creado la necesidad; la necesidad que tiene de volver a casa la mano de obra barata que ha levantado las flamantes ciudades de los Emiratos.

Al final, otro vuelo sin incidencias. Unas tres horas y media más tarde llegaba a Katmandú. Mi breve experiencia en los Emiratos Árabes Unidos cedía el paso a una primera aventura en Nepal…

Aquí había una señal en árabe

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Acerca de David Castejón

Writer

Un comentario »

  1. ¡Hola David! Estoy siguiendo tu viaje, muy interesante. Espero que no llegue el día en que pierdas la cartera. Por si acaso deberías comprar esa pócima mágica que cura todos los males, nunca se sabe cuando puede hacerte falta,jejeje. Un abrazo.

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