EL ORFANATO PRABHAT PARA NIÑOS Y NIÑAS DE SINDURKE (PRABHAT PARIBARTANSHIL SAMAJ DALIT)

www.prabhat-orphanage.com

Aquí había una foto mía con el conjunto de los niños huérfanos

El mundo puede ser un lugar maravilloso; sí, sin duda… pero también puede ser un lugar muy jodido. Y existe, fuera del confort y la seguridad de nuestras fronteras, un buen puñado de personas que lo tienen mucho más crudo que nosotros (¡que nos gusta tanto quejarnos de todo!).

Este debe ser, más o menos, el pensamiento que se nos pasa a muchos por la cabeza, cuando, alguna que otra vez, nos vemos golpeados por el infortunio ajeno, y la fuerza de la compasión o la solidaridad nos empuja a colaborar, de alguna manera, en el alivio de las cargas de aquellos que sufren. Pagamos, aflojamos la bolsa; hacemos una donación. Y ya está. Sin implicarnos más; sin preocuparnos de saber qué uso se hace de nuestro dinero, o de si llega verdaderamente a quien lo necesita. Sin preocuparnos del progreso del proyecto concreto al cual se haya destinado nuestra aportación, o de la persona que se haya beneficiado. Colaboramos ciegamente, como el que paga una tasa y se quita una obligación molesta de encima; algunos dirían que para limpiar las culpas de haber nacido en la sociedad de la abundancia, y poder así continuar nuestra vida con la conciencia limpia.

No está mal esto, queda claro; es un modo de empezar. A mí, sin embargo, esta forma de afrontar la cuestión no me satisface ni me convence. Yo también he llevado a cabo este tipo de colaboraciones en el pasado, pagándole una suma mensual a alguna ONG, pero, aun haciéndolo, continuaba sintiéndome igual de vacío, o incluso más: como mucho había conseguido un nuevo cargo en mi cuenta bancaria, con motivo de un concepto abstracto y lejano que jamás llegaba a ver o tocar, igual que si se tratara del recibo del agua o del teléfono…

Podemos llamarlo la tasa de la solidaridad.

En un post anterior comentaba que, mientras ascendía escaleras arriba hacia el Templo de los Monos de Katmandú, unas niñas se me habían acercado y me habían pedido una donación para su escuela. También decía que no les había dado nada. No porque sea un tacaño, sino porque según mi opinión no es así como se hacen las cosas. No quiero soltar la pasta y desentenderme, sino que quiero implicarme en un esfuerzo pequeño pero concreto. La respuesta que les di fue que iría en persona a su escuela, me entrevistaría con alguna persona responsable que me mostrara el lugar y me explicase qué hacían por sus niños, y si me convencía, entonces -y solo entonces- haría una donación.

Por desgracia, aunque busqué la escuela, no supe localizarla…

Es por eso que no me lo pensé dos veces cuando, unos días más tarde, mientras daba un plácido paseo por la villa de Pokhara, un chico me entregó un folleto que informaba de la existencia de un orfanato cercano, requiriendo asistencia de todo tipo de toda persona que pudiera y quisiera ayudar de la mejor manera que pudiese o supiese. A pesar de que no tengo una audiencia de alcance mundial (ni mucho menos), a mí se me ocurrió que podía ayudar difundiendo la labor que llevan a cabo en el orfanato a través de este blog, y envié un correo al responsable informándole de mi intención de visitar el lugar y entrevistarme con él. Unos días después nos encontrábamos en un cruce concurrido de la ciudad, y, cargándome de paquete en su moto, me llevaba hasta la ubicación del orfanato, unos 5km fuera de la ciudad y de camino a las montañas.

Cuando llegamos los niños ya se iban para la escuela, y no pude tratar mucho con ellos. En vez de eso, Kul -que así se llamaba el hombre- me mostró el sitio, me explicó qué era lo que hacían y cómo daban apoyo a los niños, y también me habló de los proyectos que tenía en marcha.

El orfanato lo llevan solamente entre dos personas: el mismo Kul, que se encarga de la dirección, todo el papeleo y las labores administrativas que requiere la actividad diaria de la institución, y Shanti, que se encarga de cuidar a los niños y mantener en buen estado las instalaciones (por llamarlas de alguna manera, claro…) Los dos se encuentran dedicados al orfanato a tiempo completo. En el momento de mi visita contaban con la ayuda de una voluntaria llegada de Italia, de nombre Alessandra, que se había comprometido a vivir en el lugar durante un mes y apoyar a Shanti con los niños y con sus tareas cotidianas.

Kul me explicó que el orfanato acoge a niños huérfanos, niños abandonados y niños pobres de solemnidad o provenientes de familias marginadas por el hecho de ser de baja casta (el sistema de castas es un sistema clasista que todavía funciona en las zonas rurales de India y Nepal). Actualmente residen en el orfanato 11 niños:

Según lo que me expuso, el orfanato se encarga de proporcionar a los niños cinco comidas diarias, alojamiento, ropa, educación, salud y ocio, sin ningún tipo de ayuda por parte del gobierno nepalés. Todo lo que hay a disposición de los niños, desde el material escolar hasta los muebles, pasando por juguetes y ropa, proviene de los sobrantes cedidos por la población local, o de donaciones ocasionales de turistas, que según Kul son muy complicadas de obtener. Como se puede apreciar en las imágenes, el edificio y las instalaciones se encuentran en un estado muy deficitario, y es por eso que existe un proyecto aprobado para su reforma y ampliación:

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A pesar de la existencia del proyecto, Kul y Shanti no tienen, ni de lejos, el apoyo técnico ni económico para echarlo para adelante. Es por esta razón que agradecen enormemente cualquier tipo de colaboración que les pueda llegar, ya sea a través de un voluntariado activo (apoyo técnico, difusión y promoción, trabajo social, etc.) o a través de aportaciones monetarias individuales que les permitan cubrir las necesidades diarias de los niños y afrontar proyectos de mejora.

Yo, ese día, participé donando unos 12€ que sirvieron para comprar dulces y chucherías para los niños, y tengo la intención de continuar participando en el futuro. He compartido el día a día de Kul y Shanti, he compartido merienda y juegos con los niños, y me siento implicado en su desarrollo. Esto es algo que me hace sentir útil de verdad, más que el simple hecho de realizar una contribución mensual a la Cruz Roja o a Médicos Sin Fronteras (que también está muy bien para quien lo haga, claro…) Opino que el esfuerzo de proximidad, pequeño o grande, es lo que da más satisfacciones y beneficios a ambas partes: contribuyentes y necesitados.

La ayuda económica, no obstante, no lo es todo; como ya he dicho antes, el orfanato necesita otras clases de apoyos. Es por eso que considero muy importante el compromiso que adquirí con Kul de hacer difusión de su caso a través de mi blog, y estoy francamente orgulloso de ello. Personalmente, me haría inmensamente feliz que la promoción del orfanato llevada a cabo en estas líneas acabara cristalizando en alguna donación, pero todavía lo haría mucho más el hecho que este post acabara inspirando a alguna persona para marcharse una temporada a realizar trabajo voluntario con los niños del orfanato.

Para aquellos que deseéis contribuir económicamente al proyecto de Kul, existe una cuenta bancaria, donde pueden materializarse las donaciones:

Nombre del banco: STANDARD CHARTERED BANK OF NEPAL LIMITED

Localidad: POKHARA, NEPAL

Número de cuenta: – 01 – 2205564 – 01

Código Swift (código bancario internacional): SCBLNPKA

Titular de la cuenta: PRABHAT PARIBARTANSHIL SAMAJ DALIT

Para los que busquéis algún tipo de implicación más directa, podéis visitar la página web del orfanato, o bien poneros en contacto directamente con Kul en las direcciones de correo siguientes:

www.prabhat-orphanage.com

prabhat_shil@hotmail.com    prabhatsanaj@gmail.com    sarangkot_help@hotmail.com

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Acerca de David Castejón

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