UNA PEQUEÑA GUÍA PROFILÁCTICA CONTRA LOS CONDUCTORES DE TUK-TUK

Aquí había una foto de un espray contra mosquitos

Todo aquel que haya viajado un poco por países raros, muy especialmente por el sureste asiático, entenderá en seguida de qué voy a hablar en este post: el problema del acoso constante de los tuk-tuks, y su “amable” insistencia en llevarnos a todos lados, sí o sí. Es de justicia decir que a veces el tuk-tuk, según en qué circunstancias, puede resultar un servicio útil, pero también lo es decir que a menudo no pasa de ser una molestia incesante, una especie de plaga.

Y como plaga que es existen formas de combatirlo.

Aquí había una imagen de una mujer esquivando tuk-tuks

Cualquier viajero con un mínimo de experiencia ya sabe de sobras como enfrentarse a los tuk-tuks, de modo que este post va dirigido fundamentalmente a los viajeros novatos (no pasa nada, chicos… a todos nos han tomado el pelo alguna vez y hemos pecado de “pringaos”). Antes de abordar el tema, por lo tanto, voy a esclarecer una serie de puntos preliminares.

1. ¿QUÉ ES UN TUK-TUK?

Aquí había una foto de un tuk-tuk un poco barroco

Un tuk-tuk es básicamente la versión moderna de aquel chino con sombrero típico de chino que se abría paso por las calles abarrotadas de alguna ciudad oriental, tirando con esfuerzo de una especie de asiento con ruedas ocupado por un individuo de clase social superior, en general más bien un poco holgazán. La función principal del tuk-tuk, por lo tanto, no es otra que la de transportar personas en trayectos cortos; a veces, según el tipo de fuerza motora empleada, hasta de medio recorrido. Dependiendo de su enraizamiento geográfico, el tuk-tuk puede tomar una infinidad de nombres y muchas formas variadas, al estilo de los dioses de las mitologías antiguas, pero ésta es una cuestión puramente taxonómica que abordaré en un próximo post. En términos prácticos, y por lo que respecta al tema que nos preocupa ahora mismo, valga saber que consideraré tuk-tuk cualquier vehículo ligero o semiligero susceptible de transportar un número reducido de personas desde un punto A hasta un punto B, a cambio de un precio. En consecuencia: todo lo que vaya desde una mula hasta un taxi, pasando por todo tipo de invenciones demoníacas e hibridaciones existentes entremedio.

2. ¿DE DÓNDE VIENE SU NOMBRE?

El cacharro se enciende y empieza a toser escupiendo humos por el tubo de escape: tuk-tuk-tuk-tuk…

Obvio, ¿no?

3. ¿DÓNDE SE ENCUENTRAN LOS TUK-TUKS?

Aquí había una imagen de un conductor de tuk-tuk haciendo la siesta

Los tuk-tuks se encuentran virtualmente en cualquier punto de la jungla urbana, y muchas veces también en los lugares más insospechados o apartados de la civilización. Siempre hay un montón de ellos yendo arriba y abajo, atareados como abejas, y más pronto que tarde alguno pasará a nuestro lado o se cruzará ante nosotros. Invariablemente su conductor nos saludará y nos ofrecerá llevarnos donde sea preciso. Si no, la norma dice que se encuentra uno como mínimo en cada esquina. Es común, sin embargo, encontrárselos en manada, agrupados a la sombra de algún árbol, esperando que pase alguna presa mientras sus conductores hacen la siesta o hablan de sus cosas fumándose un cigarro. Por descontado, los tuk-tuks se apilan en cantidades industriales a las salidas de todos los grandes nexos de comunicación, como por ejemplo estaciones de autobús o de tren, y también en cualquier punto que sea reclamo de turistas, como monumentos famosos y zonas de ocio nocturno.

4. ¿POR QUÉ HAY TANTOS TUK-TUKS?

Aquí había una imagen de una calle abarrotada de tuk-tuks

Desconozco la realidad exacta que subyace detrás de esta cuestión. Mi propia teoría es que ser conductor de tuk-tuk es un trabajo asumible por cualquiera, especialmente cuando uno no tiene demasiadas salidas o no sabe qué hacer con su vida. Además, en los países donde prolifera este fenómeno, diría que el control administrativo es más bien laxo, de manera que no debe ser muy difícil obtener un permiso. En este mismo sentido, muchos conductores de tuk-tuk operan sin licencia de ningún tipo, simplemente alquilando su tiempo y su vehículo de uso personal con el objetivo de amasar un dinero extra. En el fondo, me imagino que para mucha gente conducir un tuk-tuk es una especie de complemento salarial, o un segundo curro. No es extraño que los conductores de tuk-tuk tengan pequeños negocios en propiedad, atendidos por algún miembro de su familia mientras ellos salen a hacer la ronda.
En la India conocí a un conductor de tuk-tuk que se inició en el gremio porque le pagaban una miseria por su trabajo ordinario como mecánico de autobuses. Casos parecidos al suyo debe haberlos a patadas. En resumen… que conducir un tuk-tuk da toda la impresión de ser una labor fácil y relajada, y si encima de eso les proporciona un poco de pasta adicional a aquellos que la emprenden, ¿pues qué más incentivos se podrían necesitar para que la plebe motorizada se lanzara en masa a trabajar la calle?

5. ¿CUÁNDO SE CONVIERTEN EN UN PROBLEMA LOS TUK-TUKS?

Aquí había una foto de tuk-tuks esperando clientela en Khao San Road, Bangkok

Los tuk-tuks se convierten en un problema cuando dejan de ser un servicio para transformarse en una molestia, que, lamentablemente, es a menudo. En general, a nadie le gusta pasearse por los sitios habiendo de rechazar ofertas de transporte repetitivas cada dos pasos. Mucha gente, cuando sale de viaje, lo que busca precisamente es perderse, y no que la atosiguen. Pero esto no es lo peor de todo; en el fondo todo el mundo tiene derecho a buscarse la vida como mejor lo crea oportuno. Lo peor es que los conductores de tuk-tuk muchas veces presionan, desinforman, mienten y/o timan con tal de llevarse unos billetes de más a los bolsillos. La realidad es que hay mucho tuk-tuk suelto por la calle, y la competencia entre ellos es feroz, así que muchas veces todo vale para conseguir un nuevo cliente. De noche, cuando la oscuridad y el alcohol todo lo confunden y nos hacen más vulnerables, el asunto se torna aún más delicado.

VALE, Y UNA VEZ ACLARADO TODO ESTO… ¿CÓMO SE LIBRA UNO DE LOS TUK-TUKS?

La mejor arma contra un tuk-tuk, aunque parezca estúpido decirlo, es no tener ninguna necesidad de sus servicios. Esto significa, básicamente, tener tiempo y ganas de caminar o disponer de algún medio alternativo propio o en alquiler.

En principio, no necesitar tuk-tuks debería darnos toda la fuerza moral y el autoconvencimiento que necesitamos para rechazarlos tal como nos llegan, pero los conductores de tuk-tuk son hábiles manipuladores de mentes y comerciales muy persistentes; deshacernos de ellos no nos será tan fácil como parece. Además, como ya sabemos todos, decir “no” a veces no resulta una labor nada simple. Una vez bien claro esto, cabe decir que la respuesta a la pregunta de cómo deshacerse de un tuk-tuk no tiene una única respuesta, sino que dependerá en gran medida de la situación concreta en la que el tuk-tuk nos aborde.

En general podemos adoptar tres actitudes ante el acoso de un tuk-tuk:

  1. Ser antipático
  2. Ser correcto
  3. Mostrar paciencia y ser simpático

Siendo antipáticos siempre corremos un riesgo, y es que descarguemos el veneno de nuestra peor versión sobre alguien que no lo merece (no todos los conductores de tuk-tuk son iguales, y, por supuesto, hay muchos que son bellas personas). Una vez dicho esto, ser antipático es muy fácil: tan sólo hace falta ignorar al conductor de tuk-tuk que nos apele igual que si no existiera. Es absolutamente efectivo, pero también muy feo, se mire por donde se mire.
Sobra decir que el nivel de antipatía no puede pasar de eso, de ignorar la presencia del tuk-tuk y continuar con nuestro camino como si no hubiéramos oído nada: cualquier reacción violenta, ni que sea verbal, debe quedar descartada automáticamente.

Ser correcto es, tal vez, la mejor opción, a pesar de que requerirá persistencia por nuestra parte. Ante el ofrecimiento de un tuk-tuk sonreiremos (o no), y declinaremos amablemente. Primero de manera verbal, usando la fórmula estándar “no, gracias”. Si ésta no se muestra efectiva, tras haberla repetido varias veces, entonces reduciremos la negación a un simple gesto de cabeza apesadumbrado, que con suerte acabará convenciendo a nuestro acosador de nuestro desinterés en el servicio que nos ofrece. Si la suerte no nos acompaña, lo más probable será que el conductor de tuk-tuk cambie de producto, pero no de estrategia: en vez de ofrecer llevarnos a algún lado insistirá en vendernos drogas, conseguirnos compañía o proporcionarnos cualquier otro tipo de perversión, preferiblemente ilegal. En este punto podremos optar, doblemente reforzados por la bajeza legal/moral de la nueva propuesta que nos habrán presentado, entre seguir siendo correctos o pasar directamente a la antipatía.

Ser simpático y entablar conversación, por último, está muy bien, pero alberga peligros; fácilmente podemos acabar encontrándonos en situaciones que no habíamos deseado y de las cuales no sabremos muy bien como salir. Si nos dejamos llevar y el conductor de tuk-tuk no tiene muchos escrúpulos, lo más probable es que acabemos estafados con algún tour de mala calidad por algún lugar al cual realmente no queríamos ir, o de mala gana en un hostal caro que pagará una comisión a nuestro nuevo amigo.
Hay que tener en cuenta, por otro lado, que en ocasiones el hecho de ser simpático y aceptar una interacción con el conductor de tuk-tuk, por mínima que sea, puede traernos alguna sorpresa agradable, como por ejemplo que éste nos acabe viendo como un ser humano, más que como un turista, y se ofrezca a prestarnos alguna clase de ayuda desinteresada.

Más allá del tipo de aproximación que decidamos escoger, existe un caso clásico de encuentro ser humano – tuk-tuk que merece una mención especial: la llegada a una nueva ciudad.
Bajamos del autobús o del tren, y, tan sólo poner un pie fuera de la estación, un millón y medio de tuk-tuks se lanzan sobre nosotros para cazarnos, compitiendo en una carrera frenética para llevarse el honor de transportarnos hasta nuestro hotel. Muchos incluso se nos acercarán con ofertas propias y muy detalladas, con fotos de habitaciones y precios y todo.
A veces los tuk-tuks, hay que decirlo, aquí resultan de utilidad. Puede darse, por ejemplo, que sea de noche y tarde, o que estemos cansados y no tengamos ganas de recorrernos una ciudad nueva que no conocemos en búsqueda de algún lugar donde descargar la mochila. En este caso un tuk-tuk es una buena opción; en el fondo, todo conductor de tuk-tuk a la salida de una estación conoce un montón de hoteles y hostales baratos a los que llevarnos, rápido y sin más dolores de cabeza. Por el contrario, si lo que deseamos es ir a nuestro aire, más nos valdrá ser hábiles, porque los conductores de tuk-tuk són astutos y enseguida nos atraparán en su red de intereses. Lo mejor acostumbra a ser mentir, decir que un amigo acudirá a recogernos o alguna cosa parecida. Ésta es, sin duda, la mejor forma de quitarnos de encima un tuk-tuk sin tener que recurrir a nuestro lado más oscuro.

Antes de terminar, un último apunte: no quisiera concluir este post dejando la impresión que los tuk-tuks me parecen la peste. Muchas veces son molestos, sí, y es esencial estar prevenido contra ellos, pero también es cierto que otras veces detrás del volante de un tuk-tuk se pueden hallar personas y experiencias interesantes. Como todo, es sólo cuestión de probar.

Tuk-tuk, sir…?

Aquí había una foto mía con un conductor de tuk-tuk amistoso

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Acerca de David Castejón

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