EL FUTURO YA LO TENEMOS AQUÍ

Observad con detenimiento esta imagen; no es una ilustración ni una recreación infográfica, ni tampoco la he extraído de ninguna película protagonizada por cyborgs o androides. Es una fotografía real, tomada en una ciudad real este mismo año 2014:

Aquí había una imagen de una puesta de sol vista a través de una cúpula

Cuando capturé esta instantánea y vi un primer resultado, en la pequeña pantalla de la cámara de fotos, me acudió a la cabeza inmediatamente una serie de imágenes de mi infancia: ilustraciones de ciudades llenas de rascacielos, cúpulas de cristal y coches voladores, en libros que pretendían prever el futuro cercano o no tan cercano de la Humanidad, y que tenían totalmente fascinada mi imaginación de niño (y aún hoy en día la tienen):

Aquí había una ilustración de una París futura

De todas las megaurbes que he visitado hasta día de hoy (y ya van unas cuantas), Singapur es, tal vez, la que más se aproxima a aquel modelo de estética futura.

Mi comprensión del futurismo inherente a Singapur se produjo gradualmente, por etapas. Mi primer contacto con la ciudad fue más bien decepcionante en este sentido; prosaico, para ser más exacto, alojándome en un barrio de bloques residenciales como me alojaba. Muy pronto, sin embargo, mi exploración del entorno me llevó a los pies de los primeros rascacielos de diseño atrevido, que después harían aparición en un skyline sublime, concentrados en la distancia como si fueran fajos de espárragos de cristal y acero o ramos de flores de vidrio y neón:

La confirmación que en Singapur se cuece un caldo futurista especial se empieza a intuir, en realidad, en la zona de Marina Bay, con la increíble terraza en forma de nave espacial que se extiende sobre las tres torres del hotel Marina Bay Sands, y el diseño en forma de flor abierta del Museo de Arte y Ciencia.

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La espectacularidad del futurismo apabullante de Singapur no se presenta con toda su fuerza, no obstante, hasta que uno le hace una visita a los Gardens by the Bay, un espacio de jardines eco-inteligentes donde se hermanan, en una armonía admirable, la obra de la Humanidad y la obra de la Naturaleza. Más allá del papel, es una visión llevada a la práctica de lo que tendría que ser, con el permiso de guerras y catástrofes, el devenir próximo de nuestra civilización.

Los atractivos principales del parque son dos cúpulas de cristal, el Cloud Forest i el Flower Dome, que preservan en su interior una muestra de los ecosistemas más amenazados por el cambio climático y la actividad económica humana: en primer lugar el bosque tropical de alta montaña, en serio peligro de extinción; en segundo lugar un tipo de paisaje que lleva centenares y miles de años sufriendo la intensa presión del desarrollo humano en regiones diversas del mundo: el bosque costero mediterráneo.

Aquí había una foto de dos cúpulas de diseño moderno

Recomiendo visitar ambos por la tarde, con la caída del sol. La visión de la vegetación exuberante cerrada en una cúpula de vidrio, con los rascacielos en la lejanía, recortándose contra los últimos rayos de luz, asegura una experiencia casi onírica. En mi caso en particular, la escena me evocó también una cierta tristeza y languidez extrañas, al imaginar un futuro posible, en el cual esta clase de cúpulas representarían el simple recuerdo de un mundo natural ya extinto.

La relación entre la ciudad de Singapur y el género de la ciencia-ficción, no hace más que intensificarse de forma exponencial en los Gardens by the Bay, concebidos bajo la influencia innegable de la película Avatar, de James Cameron. Pasearse de noche por el Flower Dome, entre la vegetación y bajo los efectos combinados de la luz y la música celestial que brota entre las flores, remite inevitablemente a esta obra. Todavía más, incluso, el Supertree Grove, una especie de bosque artificial de árboles gigantes iluminados con iridiscencias y fosforescencias fluctuantes:

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Se cuenta que después del estreno de la película hubo una epidemia de depresión, e incluso algún intento de suicidio, entre un buen número de personas conmovidas por la belleza de Pandora, al comprender que siendo éste un mundo ficticio jamás podrían visitarlo.

Bien… ahora, en Singapur, esta pobre gente tiene un lugar en el que tratarse de su enfermedad mental.

Como siempre, habrá gente (y de hecho hay un montón) que criticará ferozmente la obra de James Cameron. Yo sólo puedo quitarme el sombrero ante este señor. Daría un huevo y parte del otro para que el producto de mi imaginación quedara plasmado no solamente en una película, sino también en el último desarrollo urbanístico de una gran ciudad de talla de talla mundial.

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Acerca de David Castejón

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