¿Pero qué será esta cosa del no-querer? Seguramente os lo estéis preguntando, porque visto así de primeras parece una cosa bastante absurda…

Bueno, pues ahora intento explicároslo un poquito…

El no-querer es en esencia un estilo de vida; puede que el mío y el de unos pocos chalados más, con la cabeza rapada y los huevos colgando debajo de una túnica, en algún templo apartado del mundo. Tal como nos indica la propia construcción del término, implica en primer lugar una ausencia de deseo. En ningún caso se trata, no obstante, de una abstinencia de origen moral o religioso, sino más bien de raíz filosófica. Hay dos aspectos fundamentales que caracterizan al no-querer: en primer lugar, que esta falta de deseo es voluntaria y plenamente aceptada por el individuo que no-quiere; en segundo lugar, que es entendida como un mérito y una hazaña loable, más que como un demérito que degrade a la persona en la escala social y la margine.

Pero incluso así… ¿por qué no-querer, si desear cosas y conseguirlas nos gusta a todos?

En primera instancia porque es un objetivo más fácil de satisfacer y ver realizado que su contrario, el deseo y el querer, y por lo tanto constituye una vía más rápida para hacerse con la tranquilidad del espíritu. Y lo más importante, porque hay que evitar como sea parecerse a los pollos que podemos encontrar justo aquí debajo:

Aquí había una imagen de un oriental desesperado

Aquí había una imagen absurda de Rajoy

Aquí había una imagen de un tío muy pringao

Aquí había la imagen de un chico muy desesperado por follar

Catálogo de deseos típicos y recurrentes que nos inculca nuestra sociedad, condenándonos en el 99% de las ocasiones a una sensación permanente de fracaso y a la infelicidad más absoluta.

Muy al contrario, la imagen de un tío que no-quiere y está convencido de su decisión, con la necesidad de querer cosas bajo control y con serenidad de espíritu, es la seguiente:

Aqui había una imagen de un tío guapo

Los rasgos armónicos y equilibrados de un hombre que no quiere nada.

¿Véis qué contraste? ¿Qué cambio en la carta de presentación de un hombre en sociedad?

Tal como le sucede al Dr. Slump (de una conocida serie de dibujos animados japonesa de los 80) el individuo que no-quiere, libre de su deseo imperioso de querer siempre algo, se transforma interiormente, y eso le permite proyectar una imagen exterior más atractiva, por muy horroroso que sea en su apariencia real y objetiva. Gana en nobleza y santidad a ojos de quien le mira; es como un ser que se mueve por encima del resto de los mortales.                                                                                                                                  Aquí había una imagen del Dr. Slump haciéndose el guapoAquí había una imagen del Dr. Slump

Evidentemente, a pesar de todo lo dicho hasta aquí, el hecho de vivir de acuerdo con la filosofía del no-querer no implica la renuncia total a la felicidad y al goce. Un ejemplo claro y fácil de comprender nos lo ofrece el sexo, como paradigma fundamental de las frustraciones que produce el deseo.

Veámoslo.

El sexo es una cosa que se desea a menudo, pero que pocas veces se obtiene de manera efectiva. Bien, el hecho de no querer sexo no implica necesariamente la imposibilidad de obtener sus satisfacciones. Pensemos que, primero de todo, está la autosatisfacción (una forma automática y residual de gratificación sexual, que muchas veces se ejecuta con independencia del deseo), y luego un concepto mucho más importante: el sexo no buscado. Es decir, que el no-follador (una tipología específica y muy clásica de persona que ha decidido suprimir su deseo) nunca debe buscar sexo de manera activa, pero si se le presenta en los morros la oportunidad de follar pues no debe rechazarla ni esquivarla, que tampoco se trata de ser idiota. Hay que tener en cuenta que, en la filosofía del no-querer, cada día que pasa con el objetivo cumplido de no desear cosas (y, por lo tanto, de no lograrlas tampoco), eso significa una victoria y un triunfo espectacular, pero si finalmente llega un día en que, por lo que sea, las cosas se tuercen y se acaba obteniendo alguna satisfacción accidental, pues no pasa nada, tampoco hace falta martirizarse. Es una oportunidad para aprender de los errores y seguir mejorando.

Y bien… en conclusión: pues que en un sentido más amplio (el que nos interesa aquí) esta ley menor apenas enunciada del sexo no buscado, debe extrapolarse a la teoría general del querer y el no-querer, convertida en la flamante ley del éxito no buscado: en ningún momento resulta necesario buscar ni desear ni perseguir cosas para obtener satisfacciones, porque las satisfacciones acaban llegando siempre por sí solas si mantenemos una actitud abierta y receptiva.

Pero todo esto no es novedoso ni me lo he inventado yo, sólo lo he reinterpretado y readaptado. Porque tenéis que saber que todo este rollo del no-querer no surge de la nada, ni es el producto de una mente trastornada. Muy al contrario; el no-querer halla sus raíces filosóficas en tradiciones muy antiguas, del ámbito oriental: en primer lugar el taoísmo, de origen chino, y en segundo lugar el budismo, que nació en la India.

Aquí había una imagen de un carácter chinoEl taoísmo, de forma muy resumida, básicamente nos dice que todos poseemos un camino, alineado con el dào o gran camino universal, origen y final de todo. Nuestra vida es como un río, que tiene una tendencia natural a discurrir armónicamente por el trazado que dibujan estos dos caminos paralelos, proveyéndonos con todo lo necesario. No obstante, si en algún momento nos dedicamos a anhelar cosas que no nos tocan, a construir deseos y crearnos falsas necesidades, perderemos el camino y seremos infelices. Por eso, uno de los puntos culminantes del taoísmo es la doctrina del wu wei (no-acción), según la cual no debemos hacer nada, ya que cualquier cosa que hagamos nos apartará de nuestro camino. Tan sólo tenemos que emprender aquellas pequeñas acciones que son consistentes con el camino y nos aproximan a él. Éstas sí que tenemos que saber detectarlas y asegurarnos de que no queden sin hacerse.

Para entendernos, y aplicándolo a la filosofía del no-querer y al ejemplo famoso del sexo, una vez más: si yo entro en una discoteca y decido que quiero ligarme a una tía escultural que está “perreando” sobre un podio, lo más seguro es que fracase y acabe frustrado, porque lo más probable es que esta chica no tenga nada que ver conmigo ni con mi vida, que no esté en mi camino. El deseo que me habré creado es falso, cualquier acción que emprenda para satisfacerlo errónea, y por lo tanto, me veré abocado a una infelicidad irremediable. Y todo por una cosa aparentemente tan normal como querer practicar sexo. De manera diferente, si yo vivo tranquilo mi día a día pensando en otras cosas, de acuerdo a mi camino y sin deseos extravagantes, puede ser que siguiendo mi curso natural un día aparezca una muchacha y me sonría. Como yo no quiero nada no tendré que hacer nada, simplemente seguiré a mi rollo, cumpliré con mi rutina de pequeñas acciones correctoras y de alineación con mi camino, y si a fin de cuentas resulta pertinente pues le devolveré la sonrisa. Y no tendré que preocuparme de más, porque cuando se produce un hecho consistente con el dào el resto de la historia siempre es una cosa fluida. En un abrir y cerrar de ojos y sin percatarme de ello estaré en la cama con ella, aunque en ningún momento me lo haya planteado o lo haya querido. Y como no me lo he planteado ni lo he querido en ningún momento, pues tampoco asa nada si al final no acaba sucediendo. En cambio, habría sido una putada si yo lo hubiera querido efectivamente y no lo hubiese acabado consiguiendo.

Con cualquiera de las dos opciones, gracias al no-querer, puedo sentirme feliz y tranquilo.

Aquí había una imagen de un Buda

De una forma similar, el budismo propugna que la vida és sufrimiento, y que si sufrimos es porque estamos ofuscados por el deseo, que nos aleja del Nirvana o Iluminación espiritual. En consecuencia es preciso liberarse de los deseos, entre otras cosas, para llegar al estado de máxima perfección.

La filosofía del no-querer, a partir de esta influencia budista, nos plantea por lo tanto que el hecho de querer bienes o logros es un deseo tan grande que lo único que hace es perturbar nuestra existencia, alejándonos de otras metas y objetivos más elevados. Además, como nunca lo satisfacemos con frecuencia suficiente, es el culpable directo de provocarnos un estado de infelicidad e inquietud permanente. Mediante la decisión voluntaria de no-querer, en conclusión, lo que ganamos es la capacidad de neutralizar el potencial perjudicial de nuestros deseos, y avanzar sin mayores problemas hacia una tranquilidad espiritual duradera.

En resumen… ¡que no-querer es cool! Y como es cool y además yo lo he escogido como modo de vida, pues representa la base conceptual de mi blog e impregna todos sus contenidos.

Veréis que en cualquier entrada que publique expresaré directa o indirectamente mi propósito de no-querer, y la narración estará siempre enfocada desde este prisma y en este sentido. Tal vez, después de todo, pensaréis que estoy mal de la cabeza o que lo que me hace falta, precisamente, es tener más ambiciones y satisfacerlas. Bien… yo sólo espero que disfrutéis de la lectura, y que mi blog se os antoje como una propuesta original; por lo menos que os resulte útil y agradable.

NO LO QUIERO NI LO DESEO, SÓLO LO ESPERO… VAGAMENTE.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s